Mi señor padre, que ya no tiene edad de conducir, recibió una multa de ese “centro centralizado” de multas que hay en León. Un radar “presuntamente” le pillo dándole al acelerador (no mucho) y mi padre mantenía que el en esas fechas no estaba donde se sacó la foto: doy fe de que era así. Pero como no soy funcionario público, lo que yo diga importa un congo.

Con la centralización del sistema de multas y del consiguiente expediente en León, se está impidiendo de facto el derecho de audiencia que todo interesado tiene. Esto supone que nos tenemos que comer con patatas lo que diga un radar o el sistema informático que, según me han dicho los iluminados del Canal de Isabel II esta mañana (que me han cobrado dos veces el recibo lo que nos les impide amenazarme con cortarme el agua por impago), no se equivocan nunca.

Si no te puedes personar, si no puedes ver el expediente, a ver como cuestionas las pruebas que el mismo contiene. No esperarán que los conductores de este país vayan a tomar razón del expediente a León o que mi padre se conecte a internet. A ver si encuentro un rato y me hago una tesis sobre este tema.

Y, mientras, unos minutos musicales