Las escuchas
LLevada tanto por la indignación como por las ganas de dejar de ver la foto del chocolate con churros cada vez que abro esta página, enciendo el ordenata en un vuelo espachurrado de camino ¡de nuevo! a Barcelona y me pongo a escribir para despotricar contra El País.
Soy lectora desde que tengo memoria y me tratan muy bien, a que negarlo, en esa casa, pero en el tema de las escuchas del caso Gurtel y en las querellas a su bien amado juez Garzón, tenemos posturas más que encontradas.
Vaya por delante que me he pasado la última década viendo como el mérito, la capacidad y el esfuerzo eran una antigualla y como los más sinvergüenzas e iletrados se convertían en los referentes sociales. He visto horteras de todos los sectores y colores enriquecerse y comprarse en Hermés, para adornar su cuerpo de botijo, desde los calzoncillos hasta los llaveros. He visto como había que gastarse 3000 euros en tener un bolso que se pasaba de moda a los tres meses y, lo peor, he visto que este tipo de cosas se consideraban no sólo una conducta aceptable sino un fin tan santo que cualquier camino para su obtención se convertía, a su vez, en digno y aprobable. He visto como el resto de la sociedad española imitaba estas horteradas, se gastaban los ahorros de los jubilados de Florida y dejaban de estudiar porque la educación y los buenos modales, a la vista estaba, no daban ni dinero ni prestigio. La frase más repetida de estos años ha sido “yo voy a disfrutar de la vida, no como mis padres”, esos padres de los que ahora, por cierto, viven.
Me siento, pues como el replicante extinto de Blade Runner “He visto cosas….”
Queda claro que ni me caen bien los sinvergüenzas ni las administraciones, de todo signo, que se han dedicado y se dedican a abusar de su poder. Sin embargo, y a pesar de que en estos años de bonanza nos hemos cargado prácticamente todo lo que tiene valor (que no precio), cuando le filtraron a El País el sumario de los gurtelianos y leí las grabaciones de las conversaciones entre los imputados y sus defensas en los locutorios de los centros penitenciarios me indigné. Como me he indignado esta mañana con el artículo de El País que en lugar de cerrar filas con el Estado de Derecho, cierra filas con su línea editorial, y, por si finalmente el TSJ de Madrid anula las conversaciones, las reproducen de nuevo para su debida constancia.
Teniendo en cuenta que el juez Garzón, quien acordó las escuchas, tiene el record de nulidades por incorrecta tramitación, alegar que las escuchas son legales porque hay orden judicial es un sarcasmo. El auto de ratificación de estas escuchas realizado por el juez Pedreira, aparte de ser un corto y pego lamentable, es una acto de corporativismo que, esperemos, acabe con la decisión del TSJ de Madrid.
Porque, aunque a Chiqui le ofenda que por un “formalismo” vayan a la calle unos “presuntos”, a mi lo que me ofende es que se llame formalismo a una regla de oro que fundamenta nuestro sistema de defensa: el secreto de las comunicaciones entre abogado y cliente. Si el cliente está en prisión y se ponen grabadoras en los locutorios, único sitio donde se pueden encontrar para discutir su defensa, que me diga alguien como se asegura ese derecho.
No es la primera vez que tengo que escuchar que diseñar una defensa es tanto como convertirse en ese ser despreciable que todo abogado es y que nos lo tenemos bien merecido, abogados y clientes. Eso pasa hasta que el que opina pasa a ser cliente y la policía, la administración o los jueces le pasan por encima. Entonces la cosa cambia radicalmente.
Si un cliente no puede hablar libremente con el abogado que ostenta su defensa por miedo a que un juez iluminado, que confunde administrar justicia con ser Batman, le escuche ¡apaga y vámonos!
6 comentarios a 'Las escuchas'
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Bitacoras.com
15 Mar 10 a las 10:14
¡Cuanto mal ha hecho Hollywood a que la gente entienda “de qué va” esto de la justicia!
Como en la vida real no tenemos una cámara que nos diga quién es el malo, los “formalismos” o los “tecnicismos” son lo único que nos asegura que las reglas son repestadas por todos y que alcanzaremos un resultado lo más cercano a la verdad… sin “formalismos” la justicia pasaría a ser cosa de justicieros…
Luis Blanco Urgoiti
15 Mar 10 a las 10:27
Waou!!!
Totalmente de acuerdo.
¿Qué te parece lo de que en investigaciones de “delitos de especial gravedad” se entienda por nuestro TS medida idónea, necesaria y proporcionada, que no interviene el contenido de una comunicación ni supone tratamiento de un dato especialmente protegido, el hecho de que la policía proceda a escánear a un usuario móvil para obtener su IMSI sin orden judicial mediante? ¿Seguro que no es el IMSI contenido de una comunicación entre usuario y operador, donde éste autentica el terminal del usuario?
Un saludo
Álvaro Del Hoyo
15 Mar 10 a las 11:11
Bravo Paloma.
Creo que me pasa algo parecido al Barón Ashler (el de Mazinger Z). Mi lado “ciudadano” se indigna con la sensación de que los dirigentes valencianos están de basura hasta las cejas; pero como bien afirmas en tu post, está claro que si se interceptan conversaciones privadas entre letrado y defendido, la instrucción debería de ser nula, y hay que lanzar un mensaje claro en ese sentido. Y una vez dicho esto, vuelve de nuevo el otro lado de mi cara, doblemente cabreado, pensando en que… “¡Se acabarán yendo de rositas”!” y vuelve la cara buena “Si se tienen que ir, que se vayan. Aún quedan las responsabilidades políticas (y ahí las grabaciones del País cumplen una función”). Más vale que un granuja esté en la calle a que a un solo inocente se le violen sus derechos… Esto es el estado de derecho a fin de cuentas, no?
Juan
15 Mar 10 a las 14:16
Totalmente de acuerdo, Paloma. El defendido podra caer más o menos bien, pero el estado de derecho exige un mínimo respeto a la intimidad con su defensor, y ello debe ser así por muy “estrella” que sea el juez instructor, que parece va a ser “estrellado”.
Aquí viene al caso los recientes comentarios y juicios de valor del juez instructor contra Jaume Matas y la consiguiente fianza impuesta de 3M euros. Sencillamente kafkiano, y por mucho menos (en cuantia economica) se cargaron al juez Gomez de Liaño, aunque claro, el demandado entonces era nada menos que el difunto Polanco.
Todavia hay clases, que diria un clásico.
Antonio
31 Mar 10 a las 23:19
¡Cuanto mal ha hecho Hollywood a que la gente entienda “de qué va” esto de la justicia!
Como en la vida real no tenemos una cámara que nos diga quién es el malo, los “formalismos” o los “tecnicismos” son lo único que nos asegura que las reglas son repestadas por todos y que alcanzaremos un resultado lo más cercano a la verdad… sin “formalismos” la justicia pasaría a ser cosa de justicieros…
Bruce
19 May 10 a las 11:10