Los que hablan pestes de la televisión no exageran una pizca. Unas vacaciones en territorio nacional son suficientes para afiliarse al coro de los descontentos. Noticiarios que repiten el mismo reportaje de las toallas en Benidorm en todas sus ediciones; programas clónicos “ahora toca el novelón hay que elegir entre la fea gangosa o el Zorro sabrosón, ahora toca el programa en directo, cuidadito con el nombre que le pones al programa no te vayan a meter un pleito los de Telemadrid”.
Entre la paella y la caña, el sufrido veraneante nacional se enfrenta con un conjunto tal de infumables estereotipos que, la verdad, extraña que no haya más burricie y que la gente no vaya resolviendo sus prejuicios a golpe de botijazo con mayor frecuencia.
De todo este universo desconocido para mí -llego a unas horas a mi casa que sólo pillo la teletienda y los anuncios de politonos- lo que me tiene turulata es un nuevo tipo de reporterismo, el de telefonillo, que consiste en mandar al becario o colaborador -el del contrato de obra de tres cuartos de hora- a la puerta, portón o portal do mora el famoso de turno: “Un momento, compañeros que tenemos en directo a (póngase el nombre del colaborador/a) que se encuentra en la puerta de aluminio de la casa de Marujita Díaz. ¿Ha confirmado ya si las fotos que se han publicado en (póngase el nombre del medio escrito correspondiente) en las que aparece con el pelucón ladeado son un posado robado pagado?”… “Hola, (póngase el nombre del presentador del programa), me encuentro en el meollo de la noticia y, en directo para todos nuestros telespectadores, voy a presionar el botón del telefonillo de Marujita”. Siguen momentos de tensión. “Parece, compañeros, que Marujita prevenida de nuestra presencia al lado de su telefonillo, no nos quiere atender”. “Muy bien, fulanito, volveremos a conectar en directo para ver si conseguimos esas fundamentales declaraciones” Y así hasta que se agota el tiempo del programa o se casca el telefonillo, lo que ocurra primero.
Presencié una variante de este nuevo estilo de periodismo de investigación: el de la entrevista a pie de urgencias. Estaban entrevistando a una recepcionista de un hospital en el que habían ingresado de urgencias a un famoso torero. La susodicha, a pecho descubierto, nos relató con todo detalle las pruebas médicas que le habían hecho al enfermo antes de subirle a planta. Dudó cuando le pidieron el parte médico, por si se metía en un lío, pero se debió de acordar de lo orgullosa que su madre estaría viéndola en televisión, y lo soltó todo. Me salió la indignación abogacil que, a pesar de las siestas, sigo llevando dentro. ¿Dónde han quedado los partes del equipo médico habitual? ¿No le explican a los empleados de un hospital lo del sacrosanto derecho del paciente a la confidencialidad?
Ya sé que me pongo muy tensa con el respeto a la intimidad de la gente y con el cumplimiento de leyes fundamentales que nos protegen a todos. Ya sé que soy una aguafiestas, con la gracia que tiene ver a la Pantoja fotografiada a lo Al Capone.
Doy gracias al cielo por llegar a mi casa justo para ver las buenas series. Si me tuviera que quedar en casa ya habría percutido la tele por la ventana y yo detrás.
Esta es el blog personal de Paloma LLaneza. Gracias por visitarlo. Para comentarios, sugerencias o contactar conmigo: info[arroba]palomallaneza.com
Javier Muñoz
Septiembre 3rd, 2007 at 12:03
Y qué decir de esos telediarios en los que, para ilustrar cualquier noticia, sacan al becario con la alcachofa a preguntar a los viandantes qué les parece tal o cual cosa. Da igual que la noticia verse sobre antropología, astronomía o numismática. Es mucho más importante (y fácil de conseguir) la opinión de un transeúnte cualquiera que la del experto en la materia…
Antonio
Septiembre 3rd, 2007 at 14:55
Admirada Paloma:
Observo que has venido de las vacaciones con las pilas cargadas de ideas y temas sugententes. Me ha gustado mucho esta entrada.
Un saludo desde la Marbella asturiana …
Paloma LLaneza
Septiembre 6th, 2007 at 12:06
Javier, intenta ir un día de diario a la calle de El Carmen en Madrid y tendrás que ir sorteando reporteros y gente que te intenta que te hagas de alguna ONG.
Antonio, ¡me abrumas!. La energía se debe a la tranquilidad y buenos alimentos que me habéis dado en tu/nuestra tierra.
Bienvenidos de vuelta.
» Una palabra tuya
Agosto 24th, 2008 at 10:07
[...] (¡sin excepción!) los medios de comunicación (¿es que han hecho todos prácticas en “radio-patio?) me meto en el cine para ver “Una palabra tuya“. Lamentablemente, la película no [...]