El rey de Uganda
Gracias a Moeh, anfitrión excelente y generoso, y a Rosa, la mejor embajadora y alma de estos encuentros, tuve la oportunidad de conocer a todo un personaje singular, Enrique Meneses, a la sazón periodista de raza: convivió con los rebeldes de Fidel Castro en Sierra Maestra; pernoctó con los manifestantes de la marcha sobre Washington que lideró Martin Luther King; fotografió la Guerra de los Seis Días entre Egipto e Israel y el entierro del presidente Kennedy; entrevistó al Dalai Lama, a Nasser, a Abdel-Krim; fue Chief-Bureau de Paris-Match para Oriente Medio; y formó parte del equipo de “Los Reporteros” de TVE.
Con ser impresionante su curriculum, no deja de ser una narración insípida de solapa de libro. Y digo insípida porque si hay algo interesante en la vida de Meneses es el propio Meneses, quien se narra de manera excepcional con un anecdotario imbatible y una memoria a prueba de bombas. De impecable inglés británico y francés republicano, Enrique niño bien pasó la Guerra Civil en Biarritz y la II Mundial en París. Cuando vinieron las vacas flacas, cantó por las calles parisinas y paseó su porte de gentlemen por El Cairo desde donde inició uno de sus singulares viajes, acompañado por su amigo, Jaime Cavero, también conocido como Jaimito Bailén.
La culpa la tuvieron Paris-Match, las copas del bar Lappas, y una bella y desnuda nuer fotografiada al borde del Nilo sudanés. Jaimito estaba enamorado y prometió que, de encontrar a la bella, se casaría con ella sin dudarlo. Cosa más sencilla, pensaron, que salir en su busca. De la comitiva inicial sólo quedaron Enrique y Jaimito. Tras una serie de avatares que no les condujeron a la moza, se encontraron sin un duro preguntándose a quien pegar el sablazo. La respuesta vino de Jaimito: llamemos al Rey de Uganda, que está muy agradecido a mi padre por entretenerle en el cigarral familiar mientras solventaba un conflicto diplomático. Y le llamaron y le sablearon.
La narración del interrogatorio que sufrió a manos de la policia de Batista o la de la bañera de Fairy de la mujer de Vilallonga son dignas de ser escuchadas.
Los que quieran saber como acaban en Ciudad del Cabo pasando por Uganda sólo tienen que conseguir (que no es sencillo) su divertidísimo libro “África de Cairo a Cabo”. Para acceder al resto de una vida de esas que no nos podemos permitir el resto de los mortales, nada mejor que su autobiografía recién publicada por Ediciones del Viento, “Hasta aquí hemos llegado“.
Con tanto intenso que hay por ahí suelto, conocer a un caballero culto y tarambana como Enrique te recuerda que otra gente es posible. De la que ya no reponemos.
3 comentarios a 'El rey de Uganda'
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¡Qué memorión tienes Paloma y qué noche pasamos! Tenemos que repetir.
Rosa J.C.
17 Apr 07 a las 22:59
¡Qué bonito y certero retrato de Enrique perfilas aquí en tan pocas palabras!
Annick
19 Apr 07 a las 10:17
Rosa, memoria poca. Algo de ayudita sacada de sus libros, que yo para los nombres soy un desastre. Lo de la repetición, ya estamos tardando
Gracias, Annick. Me alegro de haber acertado, que siempre es un riesgo hablar de alguien al que se conoce tan poco.
Paloma LLaneza
22 Apr 07 a las 0:06