Ayer en mi restaurante japonés, el mío, al que voy siempre, me sirvieron mi primer chirashizushi congelado por culpa del Real Decreto 1420/2006, de 1 de diciembre, sobre prevención de la parasitosis por anisakis en productos de la pesca suministrados por establecimientos que sirven comida a los consumidores finales o a colectividades. ¡Ufff! ¡Qué titulitos se gasta últimamente la administración competente!
Voy a dar aquí la clásica charla de la libertad personal de pillarme el anisakis si quiero una vez que me avisen del riesgo que corro, sea un consumidor responsable, adecuadamente informado, se hayan tomado las precauciones posibles y razonables en la cadena de producción y no le cause a nadie cáncer por comer pescado crudo. Ya adelanto que no me vale el argumento de que habría que pagarme el ingreso hospitalario con el dinero de todos. En primer término, porque soy de los pocos españoles que me toca pagar de mi bolsillo a la sanidad pública por el tratamiento que reciba, y en segundo, porque con mis impuesto se están pagando una cantidad tal de chorradas que porque me pagaran a mi un atracón de anisakis no se iba a desequilibrar la balanza de pagos ni se iba a resentir el presupuesto.
Pero es que la cuestión, que me consta se ha planteado con otras obligaciones o regulaciones (la del cinturón de seguridad, por ejemplo), se refiere a la preocupante desaparición del derecho privado, la libre relación interpartes en los límites de la ley, por la total invasión del derecho público en todas las esferas de las relaciones humanas. Oblíguese a quien corresponda a que avise de los riesgos de comer pescado crudo; establezcánse medidas de control (como acertadamente hace el Real Decreto), pero, sabiendo que el riesgo existe a pesar de estas medidas, déjese a los que nos gustan los deportes de riesgo que comamos el pescado crudo sin congelar, libre y voluntariamente, y que se congele para el que no haga esta elección y necesite protección.
Acabaremos como en la ley seca, montando speakeasy clandestinos donde comer sushi no congelado en tazas de té. Se admiten socios capitalistas.
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Carlos *
Enero 5th, 2007 at 10:55
Paloma, en cuanto al consumo de pescado crudo a modo de ruleta rusa con balas de anisaki estoy de acuerdo con tu planteamiento. Forma parte de la esfera personal y las autoridades se han de limitar a informar.
Lo de compararlo con la obligatoriedad del cinturón de seguridad es más un mal ejemplo. Todo se puede comparar lo cual no significa que sea comparable.
Si tú no te pones el cinturón de seguridad existe la posibilidad real de que al tener un accidente salgas por el parabrisas. Bien, como también existe la posibilidad de que caigas en mi vehículo o cerca de él de modo que pongas mi integridad personal y familiar en juego se deduce lo siguiente: Tu libertad para decidir si voluntariamente te pones el cinturón o no queda sin efecto cuando está en juego el derecho a la vida.
Circulas en un vehículo privado por un medio público que te limita afortunadamente no sólo en cuando a la obligatoriedad del cinturón de seguridad.
Un saludo
josemaria
Enero 9th, 2007 at 11:00
Estoy de acuerdo con el planteamiento de Carlos: lo del cinturón no es, quizás, el mejor de los ejemplos pero si que coincido con la línea del post. Si yo decido meterme todos los días entre pecho y espalda un par de latas de jalapeños existen pocas posiblidades de que me libre de la úlcera de estómago pero no creo que el estado deba de legislar acerca de la cantidad de picante que podemos comer todos los días con tal de ahorrarse ese más que probable gasto sanitario.
Paloma LLaneza
Enero 9th, 2007 at 18:40
Josemari, Carlos, en cuanto a la cuestión del cinturon, por vuestros comentarios comprendo que no me he explicado bien en el post. En realidad no comparo la regulación del anisakis con la del cinturón sino que lo pongo como ejemplo de previas discusiones sobre la libertad individual en contradicción con el interés general. Es cierto que hago trampas porque conozco las razones que desmontan la defensa de la libertad individual en ese supuesto, algunas de las cuales menciona Carlos en su comentario con mucho acierto.
Aparte de todo, de verdad que no es tan peligroso el pescado crudo (los jalapeños son peores :)) Llevo comiendo pescado crudo sin congelar más de 15 años dos veces a la semana y nunca he contraido el anisakis. De ahí que la comparación con la ruleta rusa me toque el corazón: en un tambor de 6 balas sólo tienes 5 posibilidades contra 1. El pescado crudo es menos peligroso.