En estas fechas de paz y armonía, a los abogados se nos acaba el mundo por segunda vez en el año. Todos los julios y los diciembres los jueces vacían esa mesa en la que han ido dejando los temas más pesados de resolver y los clientes quieren empezar y acabar ese proyecto que han ido posponiendo hasta el día antes de irse de vacaciones.
No recuerdo un solo año desde que me dedico a esto en el que no haya tenido un vencimiento un día 24 de diciembre o un fin de año. Aún recuerdo una mañana de año nuevo en que, tras la consiguiente juerga y frío polar (¿por qué hará tanto frío en nochevieja?) me pasé por el despacho a recoger una cosa que me había olvidado. Se me bajaron las serpentinas a los pies cuando vi en el fax una notificación de un juzgado penal en la que me archivaban un asunto muy importante y para la que me daban los consiguientes tres días para recurrir. Teniendo en cuenta que en esa fase procesal todos los días cuentan, los 365 del año y que la notificación fue un 31 jueves, me habría plantado el lunes siguiente en el despacho tan pancha con el plazo pasado y el derecho de mi cliente perdido. No hace falta que os diga que el juez no esperó a notificarme el 31 de diciembre por casualidad: ya me había advertido de que pensaba archivarlo, y casi lo logra.
Desde el fin del mundo ¡Feliz Navidad!
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